Jueves, Noviembre 23, 2017
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Estar Bien: Acepta el desagrado y el dolor; no restrinjas tu experiencia

Todos los seres vivos compartimos una cualidad: tendemos a alejarnos del dolor y aproximarnos al placer. Sin embargo, la vida nos pone en el camino muchas situaciones desagradables y dolorosas y no lo hace porque se ensañe con nosotros y goce con nuestro malestar. Lo hace, en cambio, porque para crecer necesitamos contar con una gama amplia de experiencias y, entre ellas, con las dolorosas.

El otro punto es que formamos parte de una sociedad en la que se nos inculca el rechazo del dolor, como si el experimen- tarlo fuera algo degradante. "No llores, sé hombre" y "las mujeres tienen que aprender a controlarse" son dos de los múltiples men- sajes que recibimos de la normativa social. La sociedad nos dice: "No sufras. En cuanto sientas que viene el dolor, haz algo para deflectarlo (amortiguarlo y desviarlo). Entretente con cualquier cosa, alcoholízate, drógate, atúrdete, desconéctate de ti mismo". ¿Sabía Usted? El nombre real de San Buenaventura es Juan Fidanza, como el de su padre, que fue maestro de medicina.

Nació hacia 1218 en Bagnoregio (Baño Real, Viterbo, ciudad protegida por el Papado), en Italia. Tiempo durante el cual el Papa fue Inocencio III y el Emperador Federico II. Se le dio el sobrenombre de Buenaventura, por la sanación milagrosa de una grave enfermedad en mi infancia. A la edad de 17 años, entre 1236 y 1242, estudió filosofía y teología en la Facultad de Artes de la Universidad de París y rápidamente conquistó el título de “Maestro en Artes”. Aunque en ese entonces, había mucha exigencia para los Frailes, ingresó en la Orden Franciscana en 1243. El Papa Benedicto XVI, en la audiencia de marzo 18 de 2010 afirmó que: “San Buenaventura, junto a Santo Tomás de Aquino...representan la cima del pensamiento cristiano en la edad media y su diálogo fecundo entre fe y razón”. Y necesitamos experimentar el desagrado y el dolor para poder vivir como personas íntegras y totales.

Es imposible vivir solamente en un polo. El problema, es que le tenemos un profundo miedo a la experiencia. Y el principal miedo es a perder el control de nosotros mismos. ¡Como si alguna vez, realmente, lo hubiéramos tenido! Pero además, hay algo que es clave tener en cuenta: nuestros mayores avances y crecimientos son estimulados por el dolor. Detente un instante y recuerda tus mayores momentos de creci- miento personal. ¿Verdad que todos fueron frutos de situaciones de crisis?