Viernes, Julio 21, 2017

Pasión Bonaventuriana: lber Blanco y mi pasión es la jardinería

Pasion Bonaventuriana :: Pasion Bonaventuriana

Alber Blanco tenía 18 años cuando llegó a Venezuela. Era entonces el 2002 y los confusos sucesos del golpe de Estado fallido habían enrarecido el ambiente de las calles; la justicia y los medios, por su parte, afilaban el dedo de los señalamientos y las responsabilidades en la revuelta que había sucedido en esos días en el país vecino. El ambiente, más que raro, era tóxico, pero Alber, alejado de él, había empezado un oficio milenario y revitalizante que más tarde se convertiría en su gran pasión. “Empecé ayudando a un tío, que era jardinero. Lo ayudaba a cargar las herramientas y cosas por el estilo.

Con el paso del tiempo él me fue enseñando técnicas y recursos, que fui haciendo míos”. Pero ésta, la jardinería, no sería su única pasión, antes ya había conocido la pintura y se había fascinado con darle formas y colores a papeles sueltos a la deriva, de hecho, dice, aprendió a pintar antes que a escribir, de la misma manera en que aprendió a amar a las plantas antes que a las personas; tal como lo expresa: “Me inspiro más por los paisajes de la naturaleza que por pintar rostros o ciudades”. Alber, después de un tiempo en Venezuela, tuvo que partir de regreso a su tierra, Colombia, donde dejaría de ser el alumno de su tío para convertirse en maestro. Hace 8 meses se recibió en el Servicio Nacional de Aprendizaje –SENA, en el bello oficio de la jardinería. Ahí aprendió lo que le faltaba: los fundamentos teóricos, los tiempos de tierra y todo lo necesario para protegerla.

Él es dueño de una sonrisa alegre y luminosa, de un aura tranquila y sobrecogedora que llena y se esparce por los rincones de este jardín apacible: “He contado con la suerte o la virtud de que donde yo siembro difícilmente se me muere la planta, porque la planta es como un ser humano; si tú le hablas y le haces sentir lo que tú sientes por ella, ella es agradecida con eso” dice antes de mostrar sus dientes grandes en una sonrisa espléndida.

Lleva ya un tiempo siendo el jardinero de la Universidad, pero para él cada día es como el primero, cada día una nueva oportunidad para explorar sus pasiones. Fue aquí donde descubrió que pintar y ser jardinero son dos oficios que pueden ir de la mano y alimentarse: “Cuando empecé a pintar, yo quería que lo que pintaba se viera reflejado en algo real, no solamente un lienzo pegado a la pared, quería llevarlo más allá y hacerlo con los mismos colores de las plantas (...) soy bastante creativo, entonces, aprovecho eso para fabricar jardines en distintas formas. Jardines geométricos y algunos otros paisajistas”.

Alber lleva hablando cerca de una hora y no ha parado desde entonces, su pasión le sobrepasa en palabras. Hace un rato he sentido que me hablaba a mí como a una planta más de este jardín. Su imparable confesión de amores solo ha podido ser detenida ahora que es tiempo se seguir con las obligaciones: él con las suyas y yo con las mías. Antes de partir, dice al aire: “Sobre las plantas es bueno saber de dónde proviene lo que nos mantiene vivos”.